Asuntos Públicos 14 May 2019

Mujeres con capacidad de liderar en América Latina, Estados Unidos, España y Portugal

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Introducción

Quienes a mediados de los 70 pronosticaron que el XXI sería el siglo de las mujeres, acertaron. Cada vez resulta más común ver a mujeres en posiciones de poder, rompiendo estereotipos y ejerciendo un liderazgo asertivo y seguro. Sin embargo, lo que nunca pudieron imaginarse el notable futurólogo Alvin Toffler, ni la feminista Betty Friedan, entre otros, fue que el auge ocurriría en tan corto plazo y de forma tan vertiginosa.

Hasta hace un siglo, la inmensa mayoría de las mujeres del planeta no tenían derecho al voto, ni podían negarse a tener hijos y les estaba prohibido divorciarse. Mientras en Estados Unidos, en 1841 se graduaba la primera promoción de médicas, en América Latina, salvo en cinco países -Argentina, Brasil, Chile, Cuba y México-, las mujeres debieron esperar hasta el siglo XX para acceder a la educación universitaria.

«La exigencia no solo involucra a las mujeres del mundo: ha sumado a hombres, organismos multilaterales, gobiernos y políticas públicas»

La lucha por lograr la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres está en curso. Aunque las metas están lejos todavía, los avances son sustantivos. Y es que ya es una realidad que este famoso techo de cristal, que suponía una barrera invisible, se está resquebrajando. El día en que estas noticias dejen de ser noticia, será cuando realmente podremos afirmar que existe una igualdad real entre géneros en el liderazgo.

Podemos afirmar que, en un plano más general, ya no se trata de reivindicaciones propuestas por grupos de mujeres intelectuales, vanguardistas o politizadas. La exigencia no solo involucra a las mujeres del mundo: ha sumado a hombres, organismos multilaterales, gobiernos y políticas públicas, instituciones públicas y privadas, sistemas educativos y medios de comunicación.

Se han generado numerosos debates en torno a la mujer y el liderazgo. Uno de los más significativos interroga y exige un compromiso a las organizaciones acerca de temas como la presencia de las mujeres en cargos directivos, la brecha salarial que beneficia a los hombres, las mentalidades que limitan el acceso de las mujeres a determinados oficios y tareas o cómo la cultura corporativa favorece o limita la incorporación de los hombres a la corresponsabilidad del cuidado de los hijos y el hogar. Estas son formas específicas de desigualdad que, más temprano que tarde, tendrán que ser corregidas.

No en todo el planeta vemos las mismas formas de la inequidad, sino que los temas concretos que preocupan a la sociedad varían según el país o la región. En el informe “El progreso de las mujeres en América Latina y el Caribe 2017”, publicado por la ONU Mujeres, no solo se revisan las problemáticas específicas de la región -la violencia doméstica y de género; el que las mujeres sean, en promedio, más pobres que los hombres; que el acceso al empleo esté más limitado; que alrededor de 18 millones de mujeres se desempeñen en el servicio doméstico sin protección legal y laboral alguna-, sino que también se enuncian seis grandes líneas de acción, que parten de una premisa: es imperativo transformar las economías para que los derechos de las mujeres se realicen.

«Es imperativo transformar las economías para que los derechos de las mujeres se realicen»

La transformación de la realidad social, política, cultural y económica que afecta a las mujeres, es indisociable de al menos dos factores. El primero es que la aspiración a la igualdad se fortalezca y se “naturalice”, como ha dicho la historiadora Mary Beard, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, en su reciente libro “Mujeres y Poder”. La segunda, que la presencia de un liderazgo femenino multigeneracional, político y social, sea cada vez más visible y se extienda. Si esos dos fenómenos se producen, será posible acelerar los pasos hacia condiciones de igualdad entre hombres y mujeres.

Sin dejar de lado las dificultades, en América Latina se están produciendo avances, como los importantes cambios legales que se han llevado a cabo en la última década. El silencio social ha comenzado a romperse y el objetivo de la igualdad ha comenzado a permear hacia los segmentos más pobres y menos educados de la población. Y, cuestión fundamental, en todo el continente hay líderes de tres o cuatro generaciones -establecidas o emergentes- que están trabajando en una mejora desde innumerables espacios y puntos de vista.

Las mujeres que figuran en este informe han sido elegidas por nuestros equipos de Asuntos Públicos de América Latina, Estados Unidos, España y Portugal, en base a criterios de relevancia en su imagen pública y de potencial de influencia en un futuro próximo. Seguramente no estén todas las que son, pero sí creemos que son todas las que están.

Hace casi un año, presentamos un informe que identificaba el liderazgo emergente en América Latina, España y Portugal. A aquellas figuras que, desde la tercera línea, avanzaban hacia posiciones de liderazgo. Ahora os presentamos aquí un adelanto del mismo informe de liderazgo de 2019, incorporando también a Estados Unidos y en el que hemos querido poner el foco en las mujeres, quienes cobran hoy más protagonismo que nunca.

Las mujeres incluidas en este informe destacan por el efecto transformador que ejercen en las sociedades en las que operan. Se trata de una muestra muy pequeña de todas aquellas que forman partes de la gran corriente de talento y liderazgo femenino que está recorriendo el planeta, resultado del gran esfuerzo que crece día a día en todo el planeta.

Luisa García, Socia y Directora General Regional para España y Portugal en LLYC
Joan Navarro, Socio y Vicepresidente Asuntos Públicos en LLYC

Este informe ha sido elaborado por todos los equipos de

Asuntos Públicos de LLYC en colaboración con Nelson Rivera.

 

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